Las sectas religiosas se definen como grupos religiosos radicales,
por lo general pequeños pero con alto índice de expansión, integrados
por hombres y mujeres asociados voluntariamente tras una conversión
religiosa. Se caracterizan por ser grupos altamente excluyentes que se
colocan en contra de otras posiciones culturales-religiosas, en los
cuales se desarolla una notable pérdida de identidad en sus miembros,
creando una especie de mundo interno en el que el o los líderes poseen
el control total del grupo.
En muchos casos se atraen a los nuevos miembros predicando
soluciones fáciles a los problemas de la vida, salidas inmediatas a
situaciones de opresión personal o crisis depresivas, el pasaporte al
paraíso luego de la muerte o la iluminación en vida.
Los líderes de este tipo de grupos poseen habitualmente una fuerte y
carismática personalidad, e inducen a sus miembros a creer en una
verdad «más profunda» que la de las demás personas o religiones,
utilizando lo que vulgarmente se conoce como lavado de cerebro.
Logran así que en forma paulatina los seguidores obedezcan ciegamente
el dogma, sin espacio para opiniones o sentimientos personales de
libertad de criterios, abandonando gradualmente el propio
discernimiento.
Está presente así, dentro de algunas sectas, el lavado de cerebro, el control mental, la persecución, la explotación humana y sexual, la esclavitud y diversas formas de abusos, desde el punto de vista sociológico.
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