A finales de la Edad Media empezó a configurarse una imagen de
la bruja, que tiene su principal origen en la asociación de la brujería
con el culto al Diablo (demoniolatría) y, por lo tanto, con la idolatría (adoración de dioses falsos) y la herejía
(desviación de la ortodoxia).
Las principales características de la bruja, según los teóricos del tema, eran las siguientes:
el vuelo en palos, animales, demonios o con ayuda de ungüentos,
encuentros nocturnos con el Diablo y otras brujas en el sabbat oaquelarre,
pactos con el Diablo,
sexo con demonios (en forma de íncubos y súcubos) y
la magia negra.
Esta idea de la brujería, predominante en la Edad Moderna y base de
las cazas de brujas, era alarmante en la época, ya que se extendió la
idea de que las brujas conspiraban para extender el poder del Diablo.
La caracterización negativa de las brujas comparte algunas
características con el antisemitismo (expresiones como «Synagoga Satanae», Sinagoga de Satanás, o «sabbat», para designar las reuniones nocturnas de las brujas), y tiene un fuerte carácter misógino
Aunque no todos los sospechosos de brujería eran mujeres (hubo un
significativo porcentaje de hombres procesados y ejecutados por delitos
de brujería), se consideraba a la mujer más inclinada al pecado, más
receptiva a la influencia del Demonio, y, por tanto, más proclive a
convertirse en bruja.
La definición de la brujería como adoración al Diablo se difundió
por toda Europa mediante una serie de tratados de demonología y
manuales para inquisidores que se publicaron desde finales del siglo XV
hasta avanzado el siglo XVII. El primero en alcanzar gran repercusión,
gracias a la reciente invención de la imprenta, fue el Malleus Maleficarum ("Martillo de las brujas", en latín), un tratado filosófico-escolástico desapasionado y racional publicado en 1486 por dos inquisidores dominicos, Heinrich Kramer (Henricus Institoris, en latín) y Jacob Sprenger. El libro no solo afirmaba la realidad de la existencia de las brujas, conforme a la imagen antes mencionada , sino que afirmaba que no creer en brujas era un delito equivalente a la herejía: «Hairesis maxima est opera maleficarum non credere» (La mayor herejía es no creer en la obra de las brujas).
Tanto el Malleus como otros muchos libros que se publicaron
en la época, constituyeron el fundamento de la caza de brujas que se
dio en toda Europa en los siglos
XVI y XVII, y que causó la muerte, según los cálculos más fidedignos,
de unas 60.000 personas.
Pacto con el Diablo
Se
creía que al concluir el pacto, el Diablo marcaba el cuerpo de la
bruja, y que una inspección detenida del mismo podía permitir su
identificación como hechicera.
Mediante el pacto, la bruja se comprometían a rendir culto al Diablo a
cambio de la adquisición de algunos poderes sobrenaturales. Entre estos
poderes estaba, lógicamente, la capacidad de causar maleficios de
diferentes tipos, que podían afectar tanto a las personas como a
elementos de la naturaleza; en numerosas ocasiones, junto a estos
supuestos poderes se consideraba también a las brujas capaces de volar
(en palos, animales, demonios o con ayuda de ungüentos), e incluso el
de transformarse en animales (preferentemente lobos).
El aquelarre
Se creía que las brujas celebraban reuniones nocturnas en las que
adoraban al Demonio. Estas reuniones reciben diversos nombres en la
época, aunque predominan dos: sabbat y aquelarre. La primera de estas denominaciones es casi con seguridad una referencia antisemita,
cuya razón de ser es la analogía entre los ritos y crímenes atribuidos
a las brujas y los que según tradición popular cometían los judíos. La palabra aquelarre, en cambio, procede del euskera aker (macho cabrío) y larre (campo), en referencia al lugar en que se practicaban dichas reuniones.
Según se creía, en los aquelarres se realizaban ritos que suponían
una inversión sacrílega de los cristianos. Entre ellos estaban, por
ejemplo, la recitación del Credo al revés, la consagración de una hostia negra, que podía estar hecha de diferentes sustancias, o la bendición con hisopo negro. Además, casi todos los documentos de la época hacen referencia a opíparos banquetes (con frecuencia también a la antropofagia) y a una gran promiscuidad sexual. Una acusación muy común era la del infanticidio, o los sacrificios humanos en general.
La principal finalidad de los aquelarres era, sin embargo, siempre
según lo considerado cierto en la época, la adoración colectiva del
Diablo, quien se personaba en las reuniones en forma humana o animal
(macho cabrío, gato negro, etc). El ritual que simbolizaba esta
adoración consistía generalmente en besar el ano del Diablo (osculum infame).
En estas reuniones, el Diablo imponía también supuestamente su marca a
las brujas, y les proporcionaba drogas mágicas para realizar sus
hechizos.
Se creía que los aquelarres se celebraban en lugares apartados,
generalmente en zonas boscosas. Algunos de los más célebres escenarios
de aquelarres fueron las cuevas de Zugarramurdi (Navarra) y Las Güixas (cerca de Villanúa de Jaca, en la provincia de Huesca) en España, el monte Brocken (mencionado en el Fausto de Goethe), en Alemania, Carnac en Francia; el nogal de Benevento y el paso de Tonale, en Italia.
Se creía también que algunos aquelarres se celebraban en lugares muy
lejanos de la residencia de las supuestas brujas, que debían por tanto
hacer uso de sus poderes sobrenaturales para desplazarse volando: por
ejemplo, se acusó a algunas brujas del País Vasco francés de asistir a
aquelarres en Terranova.
Algunas fechas se consideraban también especialmente propicias para
la celebración de aquelarres, aunque varían según las regiones. Una de
ellas era la noche del 30 de abril al 1 de mayo, conocida como noche de Walpurgis.
El vuelo
Se atribuía a las brujas la capacidad de desplazarse volando a los
aquelarres. Esta creencia se remonta, al menos, a la Antigüedad
clásica, aunque a menudo fue vista con escepticismo (por ejemplo, en el
Canon episcopi
se afirma la absoluta falsedad de esta idea). Los procedimientos
empleados para volar varían según los diferentes testimonios: en el
Canon episcopi, por ejemplo, se hace referencia a la creencia de que
las brujas se desplazaban en animales voladores. Sin embargo, el medio
de locomoción más frecuente, y que como tal ha perdurado en la imagen
actual de la bruja, es la escoba.
El simbolismo de la escoba se ha interpretado de diversas formas. Para algunos autores se trata de un símbolo fálico,
lo que se relacionaría con la supuesta promiscuidad sexual de las
brujas. Otras teorías mencionan que la escoba pudo haber sido utilizada
para administrarse determinadas drogas. En cualquier caso, llama la atención el tratarse de un objeto en la época casi relacionado casi exclusivamente con la mujer.
Con respecto a los vuelos de las brujas, las opiniones de los
teólogos de la época estuvieron muy divididas. Para algunos, tenían
lugar físicamente, en tanto que otros consideraban que se trataba de
ensueños inducidos por el Diablo. Modernamente se han relacionado con
el consumo de ciertas drogas conocidas en la Europa rural, tales como
el beleño, la belladona y el estramonio.
Referente a la forma de vuelo que se les atribuía en el resto del mundo, esta en México el nahualismo
acto por medio del cual las brujas practicantes de antiguos ritos
prehispanicos podian combertirse o metamorfosiarse en aves nocturnas
como lechuzas o buhos, en el caso de Chile destaca la creencia de que el brujo chilote cuenta con un "macuñ" (del mapudungun makuñ: "manto"o "chaleco") hecho con la piel del pecho de un cadáver humano. Igualmente en este país y en Argentina
se les atribuía la capacidad del vuelo transformados en aves de "mal
agüero" (mala suerte), ejemplo de ello es la leyenda de la Voladora.
La metamorfosis
Todas las culturas tienen entre las atribuciones de las capacidades
de magos, brujas o hechiceros las de transformarse en animales. Aunque
la cultura popular del norte de Europa atribuye a las brujas la
transformación preferente en un gato negro.
Referente a la metamorfosis que se les atribuía en el resto del mundo, en el chamanismo
de norteamerica principalmente el mexicano presenta el nagualismo por
medio del cual el brujo o bruja puede transformarse en su animal
protector pudiendose transformar en una gran variedad de animales tanto
voladores como terrestre, domesticos y salvajes, en el caso de sudamérica, en la tradición de Chile y algunas zonas de Argentina,
La transformación de las brujas es principalmente en aves, aunque
también se menciona la transformación en otros animales; destacando un
tipo de bruja o brujo (al igual que los Calcu en la tradición Mapuche), que se le atribuye la capacidad de transformarse en un mítico pájaro conocido como Chonchón.
Prácticas mágicas
Se atribuía a las brujas la realización de hechizos mediante la magia negra,
esto es, con fines maléficos. Mediante estos hechizos, lograban
supuestamente hacer morir o enfermar a otras personas o al ganado, o
desencadenaban fenómenos meteorológicos que arruinaban las cosechas.
Entre los siglos XV y XVIII se dio una persecución particularmente intensa de la brujería, conocida como caza de brujas. Esta persecución afectó a la práctica totalidad del territorio europeo, si bien fue particularmente intensa en Centroeuropa, en los estados semiindependientes bajo la autoridad nominal del Sacro Imperio Romano Germánico, y en la Confederación Helvética.
Los estudiosos actuales del tema dan una cifra aproximada de 110.000
procesos y 60.000 ejecuciones, a pesar de que cálculos anteriores
arrojaban cifras mucho más elevadas.
La caza de brujas tiene su origen en la Inquisición, tribunal creado por el Papado para perseguir la herejía, pero que a partir del siglo XIV
comenzó a prestar atención al fenómeno de la brujería. La principal
acusación contra las brujas era la de demonolatría, o adoración del
Diablo, concretada ya en una obra clásica sobre el tema, el Malleus maleficarum ("Martillo de brujas"), manual para uso de inquisidores publicado en 1486 por los monjes dominicos Heinrich Kramer y Johann Sprenger,
según los cuales negar la existencia de las brujas equivalía a hacerse
sospechoso de herejía. Entre los siglos XVI y XVIII aparecieron
numerosas obras de eclesiásticos y juristas acerca de este tema.
Contra lo que suele creerse, sin embargo, la mayor parte de los
procesos por brujería los llevaron a cabo tribunales civiles, y la
Inquisición solo tuvo un papel preponderante en los primeros años de la
caza de brujas. Los procesos tuvieron lugar por igual en países católicos y protestantes. En los territorios de religión ortodoxa, en cambio, las cazas fueron de intensidad mucho menor.
Durante estos procesos, se aplicó con frecuencia la tortura
para obtener confesiones, por lo cual los investigadores actuales
suelen manifestar cierto esceptimisto acerca de lo manifestado en los
juicios por brujería.
Algunos procesos por brujería se han hecho especialmente célebres; como el de las brujas de Salem, en los actuales Estados Unidos, tema de una célebre obra del dramaturgo Arthur Miller, publicada en 1953, que popularizó la expresión "caza de brujas" en relación con la Comisión de Actividades Antiamericanas del senador Joseph McCarthy. Desde entonces, la expresión "caza de brujas" se aplica metafóricamente a cualquier persecución de tipo ideológico.
Las brujas en el folcklore europeo
Su reflejo en la literatura infantil
La bruja tiene un papel esencial en los cuentos infantiles, como en los recopilados por los Hermanos Grimm, es el personaje malvado arquetípico. Las brujas de cuento más famosas son:
- La madrastra de Blancanieves que intenta asesinar a ésta con una manzana envenenada.
- La bruja de La Sirenita (el relato de Hans Christian Andersen), que realiza un pacto por el cual le dota de unas piernas a cambio de su voz.
- La bruja malvada de La bella durmiente, capaz de convertirse en dragón.
- La bruja de la casita de chocolate de Hansel y Gretel.
- La Baba Yaga del folclore ruso, reflejada en el relato homónimo de Aleksandr Nikolaievich Afanasiev, una vieja bruja que habita en una casa mágica que es capaz de caminar sobre patas de ave.
En la reciente literatura norteamericana también se recoge el mito de la bruja, pero ya no tienen porqué ser malvadas: Así en El Mago de Oz aparecen dos brujas malvadas y dos bondadosas.
La belleza y la fealdad
Tradicionalmente se asocia la imagen de la bruja a una mujer
anciana, fea y especialmente desagradable, sin embargo se creía que
entre sus poderes estaba el de poder modificar su aspecto a voluntad
mostrándose como una joven hermosa y deseable. La bruja utilizaría esta
apariencia para seducir a los hombres y llevarlos a la perdición.
En la literatura juvenil se suele desmarcar de esta visión, más basada en La Celestina,
para recrear otro bruja más agradable a la vista, pero igual de
peligrosa. Varios dibujantes han representados a las brujas como
mujeres jóvenes y dotadas de un enorme atractivo innato. Buenos
ejemplos son las numerosas damas que tratan de hechizar, utilizar o
contratar a Conan el Bárbaro o la deslumbrante y turgente Reina Bruja de Anubis, que trató de seducir y hechizar al El Capitán Trueno
y al final, siguiendo la línea de no mostrar a la bruja como un ser
malvado, dio su vida por la de la reina Sigrid para verlos juntos antes
de morir.
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